Archivo · 1962
El primer
cuadro
Una vista de Villena dibujada por un niño de trece años en lápices de color, ceras y tinta china. Firmada con letra de escolar, regalada como recuerdo, y encontrada seis décadas después en Madrid.
16 de abril de 1962. Pedro Marco tiene trece años. Sobre un papel de 43 × 33 cm, con lápices de color, ceras y tinta china —y un cuidado impropio de su edad—, dibuja Villena desde el huerto que regentaba su abuelo, el huerto de Don Juan García, «el amo». La firma aún es de escolar: «niño P. Marco, 16-4-1962».
El cuadro lo regaló a una amiga llamada Sole, para el día de su santo. En el reverso, el padre de Pedro escribió la dedicatoria. Con el tiempo, el dibujo viajó hasta Madrid, donde hoy lo conserva Paco Méndez. En julio de 2023, una fotografía del cuadro llegó por WhatsApp a la familia Marco. Era, muy probablemente, la primera pieza de un catálogo que acabaría teniendo cientos.
Villena, desde el huerto
Lápices de color, ceras y tinta china sobre papel · 43 × 33 cm · 16 de abril de 1962. Propietario: Paco Méndez (Madrid).
La precisión de un niño
Lo que sorprende no es que un niño de trece años coja el papel y los lápices. Lo que sorprende es el nivel de observación. Pedro no copia un paisaje: lo cataloga. Cada ventana está en su sitio. Cada campana suena a la hora correcta. Hasta la luz del día está codificada en las sombras.
En palabras de su hermano Pepe Marco, que escribió el estudio de la obra en 2023, ya en este dibujo «tenía perfecto conocimiento del huerto y del paisaje en general que lo componía, se aproximaba a la realidad, como si fuese una fotografía». Un adelanto —sin saberlo— del hiperrealismo que años después marcaría buena parte de su producción.
Los detalles, uno a uno
Estudio de la obra por Pepe Marco (30 de julio de 2023). Cada elemento del cuadro tiene su correlato real en el huerto de Don Juan.
La torre de Santa María
Las ventanas de subida están situadas correctamente, así como las dos campanas y el reloj. En la parte superior izquierda se ve la «campanica de la Virgen» que daba las horas —campana original de la torre del Orejón (1500–1888)—.
La torre del Homenaje
Pintó las ventanas del Castillo en su posición exacta, y algunos pájaros sobre las murallas. Aplicó a la escena una hora del día: las sombras de ambas torres indican que es media mañana. Alrededor, varias casas-cueva por la zona del Castillo.
La casa de Don Juan García
A sus ventanas les pintó cortinas y macetas. A la izquierda, una ventana azul cerrada da a las cambras, donde jugaban con Juanito, nieto de Don Juan. Sobre las casas, las primeras antenas de TV de Villena. La palmera con dátiles está situada en su sitio: el patio de Don Juan.
El abuelo y el huerto
El abuelo se ve entrando a la casa, después de dar órdenes y vigilar los trabajos. También aparece en «el paseo», una senda desde la casa a la noria, elevada sobre una pared de 80 cm con manzanilla y flores a los lados. El huerto se vendió en 1970.
Los árboles y el lavadero
El árbol central son ciruelos amarillos —los «cascabeles», como los llamaba el abuelo—. A la derecha, un tilo. Al fondo, el lavadero donde las criadas de Don Juan hacían la colada, que servía también de vestidor para las nietas cuando se bañaban en la balsa. En la balsa, alguien bañándose.
La noria cubierta
Quizás la única noria de Villena a cubierto, dentro de un almacén que servía también para guardar herramientas, sarmientos y manzanilla —y de vestidor a la hora del baño, «nunca juntos, chicos o chicas»—.
El agua, catalogada
El punto oscuro junto a la noria es el partidor de salida de agua de la balsa para riego. Pedro pinta cómo la «regaera» va llena hasta el regador (seguramente su padre); pasado éste, ya no lleva agua. Los puntos oscuros son las portillas para la entrada de agua en las «parás». Dibujó varias clases de cultivos: lechugas, espinacas, zanahorias, apio…
La gente en movimiento
Un labrador con mula —podría ser el tío Antonio o Miguel el mulero, que el abuelo tenía dado de alta todo el año—. Y en el centro del paseo-jardín, una niña saltando a la cuerda. Un cuadro en movimiento, dentro de un huerto que ya no existe.
«niño P. Marco»
La firma delata la edad. No es aún la caligrafía decidida del Pedro Marco adulto, sino la de un chaval que todavía firmaba con el diminutivo: «niño P. Marco». Al lado, el labrador guía a la mula por la parcela.
Décadas antes del caracol con el que sellaría sus obras maduras, aquí ya está todo: el gesto, la seguridad en el trazo, la voluntad de no dejar nada al azar.
Un recuerdo para Sole
En el reverso del papel, con la letra inconfundible del padre de Pedro, se lee:
«Sole en el día de tu santo, un recuerdo de Villena, el Huerto. Vuestro amigo.»
Firmado por el propio Pedro. El cuadro era un regalo de santo —una costumbre antigua, casi olvidada— para una amiga llamada Sole. De ahí viajaría hasta Madrid, y allí esperaría más de seis décadas a que alguien, en julio de 2023, hiciera una foto con el móvil y la enviara a la familia del artista.
Un huerto que ya no existe
El huerto de Don Juan se vendió en 1970. La palmera, el lavadero, la noria cubierta, los ciruelos amarillos, la niña saltando a la cuerda —todo desapareció. Lo único que queda, fijado en 43 × 33 cm de papel, lápiz, cera y tinta, es la mirada de un niño que ya dibujaba como si supiera que un día habría que acordarse de todo esto.
Este cuadro es, probablemente, el principio del catálogo. Pero también es otra cosa: la prueba de que Pedro Marco, mucho antes de ser pintor de sueños, ya era pintor de memoria.
Estudio de la obra y relato de detalles por Pepe Marco, 30 de julio de 2023.
Publicado originalmente en Villena Cuéntame (13 de agosto de 2023).
Obra propiedad de Paco Méndez (Madrid).