Miguel Flor
Retrato donde el modelado minucioso del rostro —carnaciones en grises cálidos, rosas atenuados y sombras de carbón— se fractura mediante un recuadro geométrico transparente superpuesto sobre la frente y el ojo izquierdo, recurso de mise en abyme que sugiere un cuadro dentro del cuadro. Un arco circular envolvente aureola la cabeza como un halo cósmico, mientras en la zona del cuello los tejidos se desgarran y funden con manchas de amarillo cadmio intenso y negro profundo. Paleta sobria de grises plateados y carnaciones sutiles, con ese estallido de amarillo como único acento vibrante que acentua la tensión entre orden y disolución. La dedicatoria manuscrita ancla la pieza en la voluntad de fundir el retrato renacentista con el extrañamiento metafísico.