Nuestro pan
Composición de austeridad casi litúrgica que enfrenta dos elementos aislados sobre un vasto campo neutro de blancos cálidos y ocres nacarados: a la izquierda, un panecillo cuya forma evoca con preciso verismo la anatomía femenina, elaborado expresamente para la obra; a la derecha, una espiga de avena loca se yergue vertical, frágil y filiforme, en contrapunto de ascensión vegetal. El diálogo entre ambos motivos —lo cóncavo y lo erecto, lo carnal y lo herbáceo— inscribe la pieza en la tradición surrealista de la analogía biomórfica, donde el bodegón cotidiano se transfigura en alegoría erótica y germinal. Una atmósfera de silencio contemplativo en la que dos humildes elementos del día a día cifran un poema sobre la fertilidad y el deseo.