Jirafa
Composición marcadamente vertical cuyo formato alargado replica y exalta la anatomía misma del animal representado: una jirafa cuyo cuello se convierte en territorio de metamorfosis orgánica. La cabeza, resuelta con trazo más figurativo y dotada de una aureola circular blanquecina casi sacra, contrasta con el tratamiento del cuello y el cuerpo, donde la figuración se descompone en un torbellino de formas biomórficas: pliegues cutáneos que devienen estratos geológicos, tejidos musculares expuestos y estructuras que evocan cartografía anatómica o secciones de fósiles. Paleta contenida de tierras, sienas, grises cálidos y carnaciones rosáceas, puntuada por acentos de verde esmeralda y rojo vascular. La jirafa como aparición totémica, suspendida entre la reverencia naturalista y la violencia poética de lo visceral.