Tuareg en el desierto
Tres figuras tuareg envueltas en amplios ropajes conversan de pie sobre la inmensidad vacía del desierto, mientras al fondo se insinúa la silueta difuminada de una ciudad amurallada. El dibujo de grafito, de trazo suelto y abocetado, deja respirar el blanco del papel como extensión de la arena, y las veladuras de acuarela azul —concentradas en los mantos y turbantes— aportan el único acento cromático, evocando el índigo característico de los hombres del desierto. La economía de medios y la amplitud del espacio vacío confieren a la escena una quietud contemplativa casi litúrgica.