Siglo XVIII
Escena onírica en un espacio metafísico donde figuras equinas fantasmales —asnos o mulas en grises etéreos— emergen y se disuelven en la parte superior, mientras tres figuras humanoides desnudas en tonos ocre-amarillentos se encojen debajo en posturas de sumisión o transformación, como soportando un peso invisible. El título «S. XVIII» invoca las sombras de la Ilustración, y la imaginería del asno evoca los Caprichos goyescos donde estos animales simbolizan la ignorancia y la necedad. Paleta sofisticada de azules grisáceos, turquesa, cremas y ocres cálidos con textura de fresco. Una alegoría sobre la persistencia de la irracionalidad bajo el peso de la historia.