Tabarca
Una barca de pesca varada ocupa el centro de la composición en un apunte de trazo abocetado donde el grafito dibuja con precisión el casco, la quilla rojiza y los aparejos, mientras la acuarela apenas interviene en toques de rosa y carmín. Sobre ella, una exuberante cascada de buganvillas en verdes profundos y magentas vivos desborda el muro del fondo, creando un dosel vegetal que enmarca y protege la embarcación dormida. La economía cromática —el papel desnudo como luz mediterránea, las flores como único estallido de color— y la convivencia entre lo dibujado y lo pintado confieren a la escena de la isla de Tabarca una quietud suspendida entre el apunte del natural y la evocación lírica.