La Coneja
Una figura femenina de complexión robusta se recuesta contra el tronco nudoso de un árbol en un espacio bañado por una luz rosácea difusa que envuelve la composición como una bruma cálida. A sus pies, una coneja blanca pende cabeza abajo, tótem cinegético cuya verticalidad invertida dialoga con la del cazador y el árbol. La paleta de rosas empolvados, ocres nacarados y azules desvaídos en el vaquero se trabaja con veladuras transparentes que desmaterializan los contornos y confieren al conjunto una atmósfera onírica.