Sin título
Cabeza humana en perfil concebida como recipiente de un paisaje interior onírico. La silueta, definida por trazos de tinta negra que gotean y fluyen orgánicamente, alberga un sol poniente en tonos dorados y ocres, formas esféricas y fragmentos arquitectónicos suspendidos en una atmósfera brumosa. En la base, una masa intrincada de estructuras minúsculas —entre lo urbano y lo mecánico— se acumula con minucioso detalle de plumilla. La obra anticipa el universo surrealista maduro de Pedro Marco: la conciencia como paisaje, los pensamientos como escombros, los recuerdos brillando como soles lejanos dentro de la arquitectura de la mente.